martes, 12 de agosto de 2008

SOBRE EL 8 CONGRESO DE Lingüística GENERAL



Con algo de demora,comentaré mis impresiones luego de haber asistido al 8 CONGRESO DE LINGUÍSTICA GENERAL, que se llevó a cabo del 25 al 28 de junio en la Universidad Autónoma de Madrid (UAM).

Allí estuve, tal como lo esperaba desde que me enteré del congreso un año antes de que se diera. Con suerte, me las arreglé en el trabajo para poder asistir. Valía, indiscutiblemente, la pena.

El primer día, miércoles 25, hubo un simposio dedicado a la Lingüística Clínica, de esta interdisciplina no había oído hasta entonces, me refiero a la denominación. Se trataron temas relacionados con la formación lingüística que deberían tener los terapeutas del lenguaje, así como temas dedicados a estudiar las dificultades lingüísticas de niños sordos y de niños con implante coclear.

Ciertamente, el lema "El valor de la diversidad (meta)lingüística" se ciñó al programa previamente coordinado y establecido por la Comisión Organizadora del evento.

Al término del congreso, el sábado 28, después de haber escuchado mucho y hablado poco, cuando parecía que me iba con la gloria de haber estado por primera vez en un congreso de Lingüística en una universidad española, en la UAM, pero con pena de no haber intercambiado palabra alguna con nadie, de pronto mientras tomaba mi café en el tiempo destinado al desayuno, unos "bollos"* y algo de juguito de naranja, alguien se dirigió a mí. Y me dijo: ¿No vas a coger ese "bollo"? No, le contesté. Tomé el cesto y se lo alcancé.
Entonces, lástima daría, que me dijo por qué no te unes a nosotros. No lo pensé dos veces. Tal vez solo una. Era un lingüista y profesor español, Joaquín Garrido, que había presentado una ponencia, y desayunaba con otro lingüista mexicano también ponente.

Era curioso. Tres dialectos, una lengua. Dos lingüistas y una aprendiz de lingüística. Me uní en el desayuno y luego en la asistencia a las mesas redondas. Fue allí cuando conocí en vivo y en directo a Juan Carlos Moreno Cabrera. Me lo imaginaba más viejo, para ser franca. Y súper creído. Pero na' que ver. Súper buena onda. Recordé cuando en la biblioteca de Lima, en pleno Abancay, buscaba en los tomos de su Curso Universitario de Lingüística General alguna información para los trabajos de sintaxis.
Nuevamente en el comedor, a poco de abandonar el congreso y los bocaditos que se sirvieron como aperitivo de clausura, conocí a mi tocaya Luisa Martín Rojo y a Francisco Marcos Marín. Finalmente, entablé conversación con otras dos damas que entre queso y jamón me decían un montón.

Hubo ponencias interesantes que me hubieran interesado más de haber sido presentadas por sus autores. Pero no pudieron asistir al evento. Otras de las tantas más que me interesaron no son publicables en medios como éste...

Colegas. Somos pocos, pero somos.

*Bollo. Dícese de variedades de pastelitos que se comen comiendo.

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